Cuando estoy deprimido o aburrido o sin ganas de hacer nada o con ganas de hacer cualquier cosa menos trabajar (léase estoy tapado de laburo pero igual necesito despejar la mente por unos momentos) me pongo a entrar a diferentes páginas de Internet. Debo haber entrado 16 millones de veces a ca
da una de las páginas digitales de los diarios locales, y también a alguno que otro internacional. Si la página de tenfield, Urubasket y Basquet Caliente tienen récord de visitas, seguro es gracias al pelotudo de yo, porque debo entrar mínimo 20 veces por día para ver si actualizaron aunque sea diciendo “Urupán de Pando quiere volver a Tercera de Ascenso” o “Aseguran que Jean Jacques Pierre y Anois Benois (no sé una mierda de francés, vendría a ser Anguá benuá) vuelven al Uruguay a militar en Boston River".
La cosa es que un día no tenía una mierda para hacer y la verdad que aburre hacer 17 millones de clicks paseando por exactamente las mismas páginas (sin contar poniendo en Google alguna mierda que se me ocurra).
Entonces me acordé de un cuento que leí. Un cuento de Fontanarrosa. Nunca me había reido tanto leyendo algo. Se llama “19 de diciembre de 1971”. Y me puse a leerlo. Claro, imaginense la situación, laburo, yo cagándome de risa, todos preguntando “con que mierda se drogó este pelotudo?”. Y le entré a pasar el link a la gente. Y todos se empezaron a re cagar de risa.
Se los dejo acá: http://martignoni.wordpress.com/2007/11/08/fontanarrosa-19-de-diciembre-de-1971-cuento/
Tómense un ratito para leerlo, vale la pena.
Ta, ya lo leiste, no? Eh eh eh? Si, supongo que si, o acaso pongo recomendaciones al pedo? Hablo al pedo yo? Pero andá y leelo muchacho!! Y si no lo leiste, jodete, porque acá voy a hablar de a
lgo relacionado con el cuento. Te estoy dando el tiempo suficiente para leerlo diciendo estra sarta de pelotudeces: “Complicada la vida del hipopótamo no-acuático. El tipo nació sin branquias, pobrecito. Entonces, tenía que salir del agua. Y no podía ocultar su panza. Todos los botijas de la escuela se cagaban de risa de él y le decían “mirá, yo me meto en el agua por más que no tengo panza para ocultar”. Y viste como son los botijas, unos hijos de puta. Si te agarran el punto débil te lo gastan hasta que te jubiles 3 veces. Y bueno, el pobre hipopótamo no-acuático decidió hablar con el renacuajo, que era algo así como que el hermafrodita de los bichos así medio-acuáticos-medio-con-pulmones para ver que carajo hacía” CONTINUARÁ
Ta, ya te di el tiempo suficiente como para que leyeras eso y te dieras cuenta que si seguís leyendo lo que viene ahora te voy a quemar parte del cuento. O capaz no, capaz lo hacía solo para que te aburrieras tanto con la otra pelotudez que no tuvieras otra opción que leer el cuento. Noooo, no toques el otro link!! Nooo, en serio, quedate, quedate.
La cosa es que leyendo el cuento me di cuenta que soy demasiado cabalero (odio la palabra cabulero) en lo deportivo. Si, demasiado. Obsesivo con las cábalas. Cuando voy a Tabaré siempre tengo cábalas, y la mayoría salen en el momento. De más está decir que me sentí plenamente identificado con el cuento.
El primer partido del campeonato fui con un buzo del che guevara y un pantalón deportivo medio abrigado. Ganamos. Entonces dije “a partir de ahora SIEMPRE voy a llevar esta misma ropa”. Y ni la lavaba. O sea, era
un chiquero de chanchos personificado en mi vestimenta cuando iba a los partidos. Segundo partido, bohemios, visitante. Misma vestimenta. Partido muy parejo. Nos estaban por pasar. Entro a caminar como un maldito desesperado, golpeando la pared. En eso me voy a sentar al caño que hay atrás del todo, no sé si es el sistema de ventilación o donde pasa la mierda. No sé, no importa. Me senté ahí para no ver la jugada de ataque de Bohemios porque me ponía nervioso. Y me paraba para ver la de Tabaré. Cuando no veía la de bohemios, erraban. Cuando veía la de Tabaré, embocábamos. Ta, es esa!!! Todo el partido viéndolo así. Y que incómodo, la concha de la madre, que incómodo!! Pero todo sea por el cuadro, carajo! Y ganamos.
Ustedes se preguntarán que fue de la vida del buzo del che y el pantalón. Bueno, el primer partido que perdimos con defensor los había llevado, a lo cual mis amigos dijeron “ta, se acabó la cábala del buzo y el pantalón, ahora lavalos, mugriento de mierda”. Pero no, no era así. Habíamos perdido porque a la cancha había concurrido Chuck (parecido al gran Chuck norris). Este tipo es yeta, carajo! Viene invicto! Fue a 4 partidos en el año, y los 4 los perdimos! Te juro que un día voy a contratar a la gendarmería nacional, o al Swat, o a no se qué carajo, para que le prohiba la entrada a este hijo de mil putas. Y si llega a seguir queriendo entrar que lo re caguen a tiros. Sos yeta loco, entendelo, sos yeta! Todos los partidos me dice “este partido quiebro la yeta, este partido lo ganamos!”. Y no ganamos un carajo!
Así que el buzo siguió existiendo. Hasta que bueno, perdimos un partido y no le pude echar la culpa a
l Chuck ni nada. Perdimos porque perdimos, chau cábala del buzo del che y el pantalón, hola lavado de dichas prendas.
Después empezó a concurrir mi hermana conmigo a las canchas. Y por suerte ella sigue las cábalas conmigo. “Che Lu, ahora nos quedamos así quietos que vamos ganando”. Y ella también da todo por el club. Un partido, estuvimos cantando todo el partido, e ibamos perdiendo salado. Dejé de cantar y entramos a remontarlo. La puta madre que tenía ganas de cantar!! Pero no, por el cuadro todo, calladito la boca, sin ni siquiera festejar dobles y triples. Por cábala. Y ganamos! Ta, terminó el partido y todo lo que me había guardado lo largué ahí. Me tiré pa adentro de la cancha y no me sacaba nadie. Abracé a todos los jugadores, al técnico, al ayudante técnico, al preparador físico, al que le da los gatorade a los jugadores y al loco que limpia la humedad con el lampazo.
Después otro partido contra atenas que ibamos perdiendo salado, me puse las manos en los bolsillos y empezamos a remontarlo. Todo el partido con las manos en los bolsillos. Ni siquiera aplaudir podía. Y lo ganamos.
Los jugadores dejan todo adentro de la cancha. Nosotros, los hinchas, de alguna forma queremos contribuir. Y ese es mi humilde aporte.
Me despido con un genia fragmento de este genial cuento de este genial autor (Dios lo tenga en la gloria por más que sea agnóstico):
“Había que recurrir a cualquier cosa! Hay partidos que no podes perder, tenés que ganar o ganar! No hay tutía! Entonces si a mí me decían que tenía que matar a mi vieja, que tenía que hacer cagar a Kenedy, me daba lo mismo hermano! Hay partidos que no se pueden
perder! Y qué! Te vas a dejar basurear por estos soretes! Para que después te refrieguen y te pongan la bandera por la jeta toda la vida! No mi viejo. Entonces hay que recurrir a cualquier cosa. Es como cuando tenés un pariente enfermo viste. Tu vieja por ejemplo. Que por ahí sos capas hasta de ir a la iglesia viste.Y te digo yo, esa vez no fui a la iglesia. No fui a la iglesia porque te juro que no se me ocurrió, mirá vos que si nó te aseguro que me confesaba. Y todo si servía para algo”
Les recomiendo este post de Dr StrangeLove que habla un poco del negro Fontanarrosa, y le agradezco a él por haberme hecho llegar este cuento.
Odio la palabra cabulero
domingo, noviembre 9 |
Escribió y no se hizo cargo --->
Indio Sangriento
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El Caramelero
Con mi mochila y demás objetos, sentado en la parada esperando el ómnibus, levanté la cabeza y en pocos segundos predije lo que pasaría.
Aquel ómnibus frenaría en esta parada, frente a mi. El vendedor de caramelos que estaba esperando para subir lo haría con su tabla de diversas golosinas y artilugios afines. Que en realidad no era tal, traía encubierto un arsenal de armas en ella. No fue difícil adivinar la vestimenta del caramelero. Este iría vestido de una manera muy ridícula. Predominaba el color rojo en la totalidad de sus prendas.
Me dio mucha lastima ver la gente que saldría sin vida de ese ómnibus. Todas aquellas personas que estaban subiendo con el caramelero.
Un niño con su correspondiente madre, una adolescente con su correspondiente novio, y una señora con sus correspondientes bolsas de supermercado, entre otros.
Me gustaría mucho advertirles acerca del peligro que corrían. Pero para entonces ya todos estarían muertos, incluso yo.
También no me fue difícil ver como reaccionaría el guarda y conductor al ver al individuo desenfundar sus armas y arremeter contra ellos sin piedad. Piedad que tampoco tendría con el resto de los pasajeros.
Más sorprendente fue levantar la cabeza y ver exactamente lo que había pensado. La señora con sus bolsas, el joven con su novio, el niño con su madre, el mismo ómnibus; reconocer las caras del conductor y guarda.
Todo exactamente igual. Excepto el protagonista. No lo encontraba por ninguna parte. Miré entre la gente y no podía encontrar al vendedor de caramelos.
Me alegré por un segundo. No pasaría nada.
Entre todo esto me olvidé que ese ómnibus era el mío y que estaba por arrancar. Me paré a agarrar mi mochila y demás objetos cuando me sorprendo al ver que mi mochila ya no era tal. Tampoco estaba mi tabla de dibujo. Esta había sido cambiada por una tabla ordinaria en la cual se exhibían muchos caramelos y sus correspondientes artilugios afines. Mi vestimenta también había cambiado. Estaba vestido de un particular color rojo.
Entonces sin pensar el porqué, agarré mis nuevos objetos y me dirigí al ómnibus con paso firme y apresurado. Esperé a que todos subieran para luego hacerlo yo, muy seguro de lo que pasaría.
jueves, octubre 2 |
Escribió y no se hizo cargo --->
Kubin Masterson
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